Mucha gente tiene problemas incluso para formarse una idea de lo que representan cifras como mil millones y billón. Una forma de conseguir hacerse una cierta idea de la magnitud de un billón es preguntarse: ¿Cuánto tiempo hace que fue un billón de segundos?
Hace un billón de segundos, nadie en este planeta podía leer o escribir. Ni el Imperio Romano ni las antiguas dinastías chinas se habían originado siquiera. Ninguno de los fundadores de las grandes religiones del mundo habían nacido siquiera.
Eso es lo que significa un billón. Póngale el símbolo del dólar delante de esa cifra y eso es lo que el actual rescate puede salir costando.
¿Se gastará ese dinero sabiamente? En teoría, es posible. Pero no se vaya a jugar el dinero en ello o podría acabar entre los desposeídos.
Siempre que hay mucho dinero del contribuyente en juego, los políticos encuentran formas de aumentar sus posibilidades de ser reelegidos en las urnas dando regalitos a los votantes.
Cuanto más se tarde el Congreso en aprobar la ley del rescate, más de esos regalitos nos vamos a encontrar en la legislación. La rapidez es importante, no sólo para proteger los mercados financieros sino para proteger a los contribuyentes de que los políticos malgasten su dinero duramente ganado.
Sin importar lo que Barack Obama o John McCain puedan decir que van a hacer en la presidencia, después de que les hayan quitado un billón de dólares del presupuesto, va a haber mucho menos dinero en la tesorería federal para que hagan alguna cosa.
El senador Christopher Dodd está hablando ya de extender el rescate de instituciones financieras a los dueños de viviendas que se enfrentan a la ejecución hipotecaria -- como si el punto de todo esto fuera jugar a Papá Noel.
Las enormes deudas federales que ya tenemos son los fantasmas de las navidades pasadas.
No se están rescatando a las instituciones financieras para hacerles un favor a ellas o a sus accionistas. De hecho, los accionistas han quedado mal parados después de algunos rescates.
Lo verdaderamente importante aquí es evitar una contracción del crédito que pudiera provocar descensos importantes en la producción y el empleo, arruinando a millones de personas, mucho más alla de las instituciones financieras implicadas.
No necesitamos una repetición de la Gran Depresión de los años 30, cuando la quiebra de miles de bancos significó una reducción drástica del crédito -- y por lo tanto, una reducción drástica de la demanda necesaria para mantener la producción funcionando y a millones de personas en sus empleos.
Pero rescatar a la gente que se metió en hipotecas poco aconsejables tiene tanto sentido como rescatar a la gente que perdió los ahorros de toda la vida jugándoselos en los casinos de Las Vegas. Tiene sentido político sólo para gente como el senador Dodd que es una de las razones del lío financiero en primer lugar.
Por lo general la gente deja de tomar decisiones poco aconsejables cuando se ve forzada a hacerle frente a las consecuencias de esas decisiones, no cuando los políticos vienen a su rescate y hacen que los contribuyentes paguen por decisiones con las cuales ellos no tuvieron nada que ver.
El Wall Street Journal, que durante años ha estado avisando del peligro de Fannie Mae y Freddie Mac, citaba recientemente al senador Christopher Dodd junto al senador Charles Schumer y al congresista Barney Frank entre los que han estado haciendo "el papel de cómplices" de estas instituciones financieras, restándole importancia a los riesgos y oponiéndose a los intentos de restringir su irresponsable rol en el mercado hipotecario.
Tan recientemente como en julio de este año, el senador Dodd declaraba que Fannie Mae y Freddie Mac eran instituciones "de fuertes cimientos" y que no había necesidad de "azuzar el pánico" al respecto. Pero ahora que es hora de pagar las cuentas, el senador Dodd quiere asegurarse de que haya regalitos en la legislación del rescate para pasárselos a los que probablemente voten por él.
No haga apuestas acerca de cómo acabará todo esto -- excepto que sí podamos predecir que los políticos le echarán la culpa a la "avaricia" de otra gente. Se puede jugar el sueldo de que así será.
Si quiere saber más sobre Thomas Sowell y leer artículos de otros columnistas y caricaturistas de Creators Syndicate, visite nuestra web www.creators.com. Thomas Sowell es especialista decano de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, Stanford, CA 94305. Su página web es www.tsowell.com.
(C)2008 CREATORS SYNDICATE, INC.
(C)2008 TRADUCIDO POR MIRYAM LINDBERG
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